Este script lee todos los nodos del documento y guarda en una variable la estructura
jerárquica de los títulos de secciones de una página, mostrándolos en una lista
indentada acorde a ese órden. Las secciones de la lista son enlaces a las secciones
reales de la página, usando el id de los elementos (si no existe se crea automáticamente).
Este script lee todos los campos de texto de un formulario y si encuentra una clase
"required" hace que ese campo deba ser llenado antes de enviar el formulario al servidor.
En caso contrario te avisa de forma visual y con un alert. Si el campo se denomina email obliga mediante una expresión regular a usar un correo válido.
Había una vez una niña a quien le gustaba mucho jugar. Su pasatiempo preferido era un juego de encastre, de ésos que traen un tablero de madera con figuras tridimensionales: un cubo, un triángulo, un cuadrado, una esfera, un rectángulo y una estrella. Pasaba horas colocando las piezas en su lugar correcto, una y otra vez, sacándolas, mezclándolas y volviéndolas a colocar.
Al crecer creyó que la vida era similar a su pasatiempo favorito, y siguió haciendo lo mismo con la gente, encasillándola según sus propios parámetros. El problema no se suscitó con sus amistades, ya que habitualmente alguien encajaba de alguna manera en su modelo de triángulo o de cuadrado, ni con sus compañeros de estudios o de trabajo. Ellos eran fáciles de incluir dentro de las formas que ella misma había delimitado. La dificultad se hizo presente con su búsqueda de pareja.
Ella quería una estrella, pero no cualquier estrella, sino la que ella había imaginado de pequeña para su juego perfecto. Estaba segura que la iba a encontrar: si de niña ideó tantas veces esa pieza, ¡sin duda podría reconocerla al verla! Sabía que iba a ser grande, brillante y de textura suave y sincera. Una vez pasó a su lado una estrella, pero no era lo suficientemente interesante para su modelo. Otra vez también pasó algo parecido, pero no, no era la pieza que ella esperaba.
Luego de esperar un tiempo, y al ver que ninguna estrella que caminaba por ahí le satisfacía, ya que no cumplían sus expectativas y no se ajustaban al modelo, decidió darle una oportunidad a otras piezas, a ver si podían encajar en el lugar de la estrella. Tomó una esfera y trató de colocarla dentro del molde de estrella, pero fue en vano. Luego, muy ansiosa, intentó con un triángulo, y después con un cubo, pero no hubo caso. Entonces pasó por delante de ella una bella esfera, y trató de empujarla dentro de su modelo de estrella. Mientras ponía todo su empeño en forzar la esfera, (lo que le lastimó un dedo profundamente y la dejó desilusionada y sin fuerzas), pasaba a su lado una estrella fulgurante y contenedora, pero ella no la vio. Más adelante pasó años de su vida demasiado ocupada en tratar de presionar un cuadrado dentro del espacio asignado.
Esta niña proyectaba la idea del hombre ideal que buscaba para acompañarla el resto de su vida, y no lo encontraba: era la imagen que ella tenía y no la de alguien real, sino ideal. Proyectar es conectarnos con el mundo. Es algo bien positivo. Conocemos mucho de nosotros mismos reconociendo cualidades, defectos y habilidades nuestras en otra gente. Proyectar no es un problema en sí mismo, todo lo contrario, nos ayuda a conocernos, pero sí puede transformarse en una dificultad e incluso limitarnos si por proyectar creemos en la existencia de una persona ideal y no de carne y hueso, con características que nos enamoran y otras que desearíamos que no tuviera pero que aceptamos con comprensión y un corazón abierto.
¿Qué sucedió con esta joven mujer? Un día llegó a su vida un sol. Sí, con rayos y todo. Hasta pecas tenía. Ella lo miró. No tenía nada que ver con ninguna de las formas que había conocido hasta ese momento ni con la estrella que esperaba testarudamente. Este sol la hacía sentir distinta, le daba un calor en el pecho nunca antes conocido, le hacía resaltar lo mejor de ella como persona. Miró su molde de estrella fijamente, lo tiró a la basura y le dio la bienvenida al sol en su vida.